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Comarca de San Vicente

La sierra de San Vicente, que da nombre a la comarca, con alturas de hasta 1.331 metros, se extiende por el extremo nor-oeste de la provincia, desde el Alberche, avanzada feudal de Escalona, hasta el valle del Tiétar y límite de Ávila, por Buenaventura.

La fisonomía general de la comarca es típicamente serrana; no faltan encinas, robles y alcornoques; en las zonas llanas, en las orillas de los ríos, se cultivan olivos, vides, hortalizas, tabaco, algodón... La ganadería es importante.

El que fuera poderoso Estado de Escalona en los tiempos de don Álvaro de Luna, marca históricamente una parte de la comarca, -Hormigos, Almorox, Aldea en cabo, Paredes-, mientras que el resto de ella, más abrupto y serrano, queda bajo lo que fueron dominios del marquesado de Navamorcuende. Más allá Navalcán, que fue de la Campana de Oropesa, en vigoroso desarrollo cultural y económico.

Si el castillo-alcázar de Escalona simboliza cuanto en la comarca hubo de bélico y de cortesano, las alturas de El Piélago, cerca de Navamorcuende, dan razón de los valores religiosos.

Casa tradicional en EscalonaCasa tradicional en Escalona

La Sierra de San Vicente se llama así porque es tradición que en una cueva de dicha sierra vivieron los santos hermanos Vicente, Sabina y Cristeta, que salieron de Talavera, su patria chica, huyendo de Daciano, pretor romano. Luego fueron mártires en Ávila, en cuya iglesia de San Vicente están enterrados.

La proximidad a las tierras de Ávila y el haber sido paso hacia ellas, dan a la comarca un aire teresiano. Por Escalona cruzó más de una vez, y se hospedó en el castillo, Teresa de Jesús y en Almendral de la Cañada nació la beata Ana de San Bartolomé, que fue secretaria de la Santa.

SierraSierra de San Vicente

La Sierra de San Vicente contribuye a la variedad paisajística de la provincia toledana.

Es una comarca de rico paisaje, costumbres peculiares, con su propio microclima, a la que dan color y olor las plantas aromáticas de sus montes, reserva medicinal de incalculable valor. De ellas toman las abejas sus variedades de miel.

Una comarca sana, que duplica su población en los días estivales, cuando los forasteros acuden a respirar su aire, beber sus aguas, gustar sus guisos y participar en las fiestas, llenas de colorido y tradición.